16 marzo, 2017

De mis espacios

Tantos espacios, tantos he dejado invadir.
Las montañas, por no poder arribar a ellas.
Las playas, por no disfrutarlas,
como otros hacen, montones de otros.
Las ciudades, por estar invadidas como colmenas,
de trabajo/empleo y conductismo.
Pero los pueblos están llenos también,
de estados emocionales viejos,
de esperanzas ahumadas
y de paisajes de redención.

Y el espacio mío, en el tiempo, es lo mismo.
La creación más básica de fracciones de un lugar signficativo,
de un momento espacial,
una pléyade de ideas sobre el hogar, los ritos y la congruencia;
fallas que descansan sobre la expectativa de la complicidad,
coincidencias que quiero como señales divinas.

Ya no puedo instituir una espera basada en las medidas del tiempo,
que comienza o termina,
sino en mi movimiento propio.

Motus proprio me arrojo:
Esquilmar mi imaginación con proyectos de plazos
cortos, medianos, largos;
reacciones positivas a eventos adversos y
socavar la carne hacia los templos internos, y hallarlos.
Tenderme trampas,
pero no las comunes y fáciles, sino inventarlas,
y elaborar, ad baculum,
nexos entre la vida y la plenitud.

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