20 julio, 2017

Después de esta mañana estirada, larga hasta media tarde, convaleciente de tormentas lejanas y acordonada de lluvias y lloviznas, se corrió el telón y la mirada mía fue libre. Libre de ver el rostro sereno, profundo y genuinamente verde de la montaña con nombres.
El Ávila frente a mí; El Waraira Repano: horizonte erguido; la compañía perenne y discreta, se despierta y emerge de entre las nubes, como el sol y con él. Y yo, miniatura.

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