Hambre en un
lugar desierto. Se sabe que se puede soñar, dilapidar arena y
dolores.
Yo no sé si detrás de la ventana, donde el perro ladra, haya alguien que lo escuche con atención, pero yo, aquí, siento sólo que él rompe el aire de la noche. Y pensar que he querido doler, hacer mella, hundir, segregar.
Yo no sé si detrás de la ventana, donde el perro ladra, haya alguien que lo escuche con atención, pero yo, aquí, siento sólo que él rompe el aire de la noche. Y pensar que he querido doler, hacer mella, hundir, segregar.
Y pensar que me
he ensañado sin pena y con mis propias uñas; que he dejado de
pensar en lo que está más allá de tres días, para sufrir penas
presentes y acumular pasados ingratos.
...que he sabido
escupir fuego, estaciones y estrellas marchitas ya…y me he
encerrado en caracoles llenos de telarañas y quimeras; que he comido
flores y que también las he digerido, después de masticarlas
destructivamente; que guardo ‘peros’ y ‘sin-embargos’; que
agarro y me apropio de piñatas baratas y que rumio peleas con
quienes amo, rompiendo la inercia del amor.
...que he querido
hablar para ser escuchada, bailar para ser vista, pero no me he mirado
yo misma, ni visto. Que he sido más capaz de simbolizar el dolor que el amor
más puro y que me entiendo asfixiada de ansiedad; que no he
construido mucho, sino muy poco para disponer junto a mí, junto a mi
cama.
Y...pensar que la
simbolización de lo bueno ha sido no más que falta de fé...que soy
dañina y que no me conformo con ser humana, pero, por eso mismo, por
ser humana.
Que pienso, pero
que antes ya estaba haciendo, que soy acto, pero potencia pura
también y eso es un continuo. Que mis reproches se jodieron y
joden...que me invento nuevas quimeras, porque se muere y se nace, y al contrario.
Carmen Hinestroza
Álvarez (mayo 2014)
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