Apegos, muchos sellos contradichos hay en mi rígida inseguridad.
En el remolino de carencias, en el ruidoso dolor de la sequía, el sol sale después de una madrugada fría y abraza consolando en tanto que hiere. Y el día se expande, con la espontaneidad vital y con el asombro humano.
Ya tengo otro día, y aunque puede que la misma mirada, tengo una esperanza queda, pero esperanza. El sol nuevo siempre será consuelo, aunque la noche de vigilia duela en la cordura.
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