Leí en el prólogo de un libro de antropología (Perrin) una cita de Bergson, que dice: "El espíritu humano puede acertar o equivocarse, pero en uno u otro caso, cualquiera sea la dirección que haya tomado, sigue adelante".
No quisiera especular sin sentir.
Suelo dudar en compañía de mis semejantes, pero el hogar, el verdadero hogar lo construye uno de su propia respiración, de sus ojos cerrados, de su pulso tembloroso, de la claridad de sentir la brisa en la cara, en la piel, y de sus certezas éticas. En solitario, se sabe más lo que se quiere; calmadamente se ama más, y por tanto, con espontaneidad: cuando el error genera desgaste en el ego soberbio. Se comprende el aprendizaje en el contexto del amor, en la suave caricia de una duda que emerge y se realiza en el despertar. Y si yerro, es seguro que despertaré llena de una nueva certeza: así no era. Descartado. Y si despierto con una duda menos, y muero, quizás ya ni extrañe el café.
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