21 agosto, 2009

Anthropos, la maldición


Recorrió mi voz,
con una declaración soez,
la longitud más extensa del lago.

Sobre las olas inquietas y de impenetrable color,
tanta sed en mi lengua.

Sobre esa energía mutante, mi inercia.

El aliento,
mi pronunciada maldición,
humedeció en todo su vuelo el cuerpo ingenuo del aire,
con una intención irreverente de vida.

Maldijo la fuente,
dolió la esperanza,
mi voz ya no sabe querer
y mi aliento es frío como la noche mas turbia allá abajo,
con los desechos industriales.

Todo lo veo sin querer…deseo cegar mis ojos,
morir a la verdad ante mí:
Las aves temen la falta de agua,
su muerte violenta,
la acallada carencia.

Quiero tapar,
colocar piedras a la boca que escupe su alimento,
golpear la resistencia a vivir
que pronuncia con alaridos, promesas impúdicas de insensatez, ignorancia y negación.

Muero por llegar a otra vida sin pasar por la enfermedad que llevo en mis pulmones.

Llego al sur y recibo
el viento húmedo de atrás,
cargado de mí.

Se ha esparcido su sal sobre las casas de la costa,
corroyendo las astas de su identidad.

Muero y no callo jamás,
quedan de mí más alientos y otras fuerzas.

Y de otros, verdadera nobleza.

Y sobreviven los impúdicos mercaderes también.


(Imagen tomada de http://www.eraecologica.org/revista_16/era_agricola_16.htm?agua_enferma.htm~mainFrame el 21/08/2009)

Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama

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