29 agosto, 2009

Ventaja

Se presentó en mi cuarto un huésped de intriga, un demonio de verdad que habla con pujos y sonidos agudos la letra de la sospecha, y me mostraba, en los rincones, los rastros de la farsante bondad de mi hermano. Me los mostraba, me los mostraba señalando con sus dedos largos y torcidos, manchados por el sol de los campos petroleros. Me enseñaba las imágenes en la vastedad de la locura, emitiendo esos sonidos extraños que aún bullen en los recuerdos de mis meditaciones nocturnas. Enloquecí de dolor por las traiciones recién descubiertas, lamenté la ingenuidad de mis actos y la ausencia de poder inquisitivo y lloré a gritos tan fuerte como apretaba mis ojos creyendo que podía cegarlos. Pero cuando los abrí, aún con terror, ya no estaba, habiendo dejado un silencio penumbroso.

Cada día temo a mi habitación y al silencio que antes amaba, pero no me atrevo a cantar para romperlo. La audacia ya no es para mí. En cambio, la duda me persigue desde la entrada hasta el umbral de mi alcoba, y asimismo me empuja a su interior. Al bajar la vista, me colma la emoción venenosa de su aparición súbita y soy esclava de la imagen que suya puede presentarse a mi visión periférica. ¡No, no sin que yo lo advierta!

Pero he llegado hoy sin pensarlo y me esperaban sus ojos de mórbida quietud y, aunque monstruosos se dirigían a mi, no hubo en ellos la dureza anterior, sino un espumoso temor trémulo. Y viene, me sorprende en mi habitación, ahora también mostrándome debilidad, y confiesa, tras meses de engaños, las culpas que señalaba a mis congéneres. No me atreví a botarlo a gritos de allí, por compasión. No era temor. Y cuando mis ojos bajaron en un gesto de disculpa sin resentimientos, me sentí caer en su vacío friable y mis oidos ya no escucharon sus gruñidos, sino una tormenta intensa que me arrastraba en la oscuridad, hasta llegar a los hediondos puertos donde mis pensamientos se ahogan en la eternidad.

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21 agosto, 2009

Anthropos, la maldición


Recorrió mi voz,
con una declaración soez,
la longitud más extensa del lago.

Sobre las olas inquietas y de impenetrable color,
tanta sed en mi lengua.

Sobre esa energía mutante, mi inercia.

El aliento,
mi pronunciada maldición,
humedeció en todo su vuelo el cuerpo ingenuo del aire,
con una intención irreverente de vida.

Maldijo la fuente,
dolió la esperanza,
mi voz ya no sabe querer
y mi aliento es frío como la noche mas turbia allá abajo,
con los desechos industriales.

Todo lo veo sin querer…deseo cegar mis ojos,
morir a la verdad ante mí:
Las aves temen la falta de agua,
su muerte violenta,
la acallada carencia.

Quiero tapar,
colocar piedras a la boca que escupe su alimento,
golpear la resistencia a vivir
que pronuncia con alaridos, promesas impúdicas de insensatez, ignorancia y negación.

Muero por llegar a otra vida sin pasar por la enfermedad que llevo en mis pulmones.

Llego al sur y recibo
el viento húmedo de atrás,
cargado de mí.

Se ha esparcido su sal sobre las casas de la costa,
corroyendo las astas de su identidad.

Muero y no callo jamás,
quedan de mí más alientos y otras fuerzas.

Y de otros, verdadera nobleza.

Y sobreviven los impúdicos mercaderes también.


(Imagen tomada de http://www.eraecologica.org/revista_16/era_agricola_16.htm?agua_enferma.htm~mainFrame el 21/08/2009)

Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama

12 agosto, 2009

Compañía del sueño

Traje conmigo fantasmas reptando desde lejos
mientras huía de allá,
donde todos ignoran su vida.

Y se tendieron ellos en el piso blanco de mi apartamento,
arrastrándose y tomándome de los pies,
como cadenas.

Vuelo cada mañana lejos del silencio
que me permite escucharlos
y recordar sus lechos
tímidos de espera.

Para volver,
anochece con el ruido
que hago a propósito,
hasta que se cansan mis extremidades.

Y para descansar,
llego al calabozo de mi catre,
latiendo murmullos de perdón al día,
vaciando mi miedo en parpadeos,
para desnudar la animalidad de mi sueño.

Me enmarco en el colchón, mi barca,
sin asomarme a la marejada que flota a mi alrededor
y que arrastra a la vida que me celebra e invita con compases lentos.