16 marzo, 2020

Nicho de dioses

El balcón es la entrada.
Ruidos, estertores, gritos y armonías
llegan a mí.

Mi petición es simple:
que la nada no pueda trepar y acabar con el devenir,
que la agonía deje escuchar el gemido del tiempo,
el dolor se presente para marcar
y no se convierta en monotonía.

Venga a mí una coraza de mariposas,
suceda una revelación de silencio.
Sea el deslumbramiento una explosión de epifanías
y la vida secrete la sangre del verbo.

Así podríamos todos,
cada uno,
ser dioses.

Pero que no nos amen,
que sepan dejarnos.

¿Quién garantiza mis palabras juntas, todas ensambladas, hechas, dicientes y soberanas?
¿Quién, amante del amor y nostálgico de la exactitud infantil, puede asir la solemnidad de una declaración de amor? ¡Todos!
La verdad existe en todos los corazones.