Supongo que a tí debo
la belleza más abrumadora de los paisajes
Y con ello, la capacidad de asombro
y del desafío, fuerza de cambio;
También la de la inconformidad,
que hace de las cosas humanas
algo siempre perfectible ;
La alegría, que eterniza el instante
Y el miedo, que debilita la soberbia.
A tí, toda la plenitud de un refugio oportuno ;
Y la esperanza, que hace resurgir del desahucio ;
A tí, perdonarse, que quiere ser suficiente.
Debes ser eso que existe cuando ya no me basto,
pero también tuya una cosa que se vuelca:
la grandeza de un hombre,
que derrapa y empequeñece
todo en su curso.
Y que sólo detiene el dolor más puro.
Ay, si yo pudiera entender cuándo me perdonas
este mundo horrible.
Por eso deberé ser tu continente
y contenido.
O quizás lo seas tú, mi continente
y mi contenido.
Por eso pudiera yo confiar en mi prójimo
y tener el argumento
para confiar en mí
y en el volcamiento del mundo.
Amén.
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