He visitado múltiples terrenos llenos de muros sin rincones.
Allá los cielos se ciernen cada tarde
y la mañana es oscura y carente de brisa.
Grito nombres al azar
De seres que puedo amar y no conozco,
De quienes sólo algunos detalles buenos detecto y asumo
con ingenuidad y melancolía.
Sin ecos, me escucharán en algún lugar,
porque el vacío entre las paredes alineadas, interrumpidas, paralelas
y sin techo,
que hacen laberinto,
absorbe, junto a esta grama verde y brillante,
el timbre de la voz,
y lo que diga, se oye como pensamiento.
Canto sin celebrar y me escucho con vida,
la que no transmito en mi marcha solitaria.
Un avión en ascenso enmudece mis compases,
A lo lejos, surcando la bruma.
Una gota tras otra caen próximas
Y la nota musical que inveterada se repite,
No es compás,
Pero si un detallable e idéntico sonido: es el tiempo.
La grama no la mueven
Ni la brisa ni los insectos.
Tampoco hay árboles ni fuentes de agua
Y la sed es una ilusión que sólo se tiene al dormir
…en los sueños.
Como la tierra y el verde terreno,
La humedad toca mi frente con agua
Y también mi pecho,
A veces mis ojos
Y mi andar sólo sabe pesar resabios, decepciones
Y elegías vetustas.
Ni el sol ni la luna llegan ni se van
Y de noche el cielo es sólo negro,
Sin nubes,
Sólo negro
y sin ojos.
Despierto y sigo allí.
Despierto y sigo allí.
Y aún tengo esperanzas,
porque tengo vacíos.
Los colores son vivos e invitan
Duermo y tengo sed,
despierto y sigo allí.
Cada segundo,
cada gota,
spera que el telóen baje
y suba,
devele
y despida.
Tengo miedo y un bastón de lanza,
Que blando al cielo
con lástima
y,
con desconfianza de mí,
apoyo.
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