Quiero llorar. Hablar con lágrimas lo inexpresable: el dolor. Lo tengo, está allí y sufre con vida propia, como si estuviera lejos de mí y me escuchara con ecos y se escuchara en un gemido.
Vivo. Lo hago porque la humedad dibuja mi cara con un llanto silencioso y siento el frío de su desnudez. La brisa la siento como una caricia que se compadece de mí. Quisiera explicarme esto, por qué llorar sin miedo, sin pavor, sin horror, sin origen…sin causa ¿Habré ignorado mi existencia que hoy la siento tan pura? ¿Será un renacimiento conocer que siento? Energías desconocidas por mí invadieron mi pecho empujándolo hacia fuera ¿Será que quiero gritar unas palabras que no conozco? ¿Cómo lo hago? Voy a caminar. Una vía oscura yace sin sombras delante de mí, toma el cuerpo del silencio que quiero contemplar y posee la soledad que quiero a mi alrededor en este momento. Quiero llorar y no siento vacíos ni fracasos ¿Qué es? Creo que hoy siento que existo. Todo a mi alrededor me lo dice. Creí conocerme capaz de vivir y era inercia. Ahora reconozco que camino con mis pies. Mi cara se contrae a la vez que mi pecho y solo exhalo tensión. Creía no poder hacerlo, no poder llegar conmigo, ni por mí. Pero hoy estoy aquí respirando y escuchándome que tengo voz, razón y calor, sintiendo que debo mirar todo para reconocerlo, para admirarlo. Los colores y las formas están allí para mí y el brillo resulta un milagro.
Quiero conocer ahora las texturas y temperaturas como si las hubiera olvidado, como si pudiera sentir más, como si pudiera aprendérmelas y evocarlas como una imagen. Me había cubierto y caminé con la sábana encima como un fantasma y por eso no me veían. Velé mis retratos con una sábana también eliminando las pruebas de mi existencia. Busqué razones para agotar mi paciencia y armé la guerra…contra mí, como un caza-fantasmas.
Ahora cruzo mis brazos para abrazarme y no para compadecerme de mí. Corrí abandonada y encontré mi propio refugio. Quiero llorar en mis brazos ahora….de alivio. Me toco la cara con las manos y las hundo en mis ojos. Allí están para mí, me comunican el milagro de ver. Siento el relieve de la cara y reconozco que ya no me expreso solo con palabras. Miro mis manos y veo un instrumento para todo. Y son mías. Y las puedo compartir. Y pueden ser generosas. Y arman paz, frotan lámparas y dan calor. Las manos son como los ojos. Viceversa. Buscan, logran, obtienen, traspasan la frontera del frío. Recorren días y noches los senderos más pesados y les importa todo porque el brillo afilado las enceguece.
26 de septiembre de 2007